La grasa de la dieta proporciona energía (calorías) y los ácidos grasos esenciales, el ácido linoleico y el ácido alfa-linolénico. El ácido linoleico es el ácido graso parental de la familia de grasas n-6 (u omega-6), incluido el ácido araquidónico de ácido graso poliinsaturado de cadena larga (LCPUFA). El ácido alfa-linolénico es el precursor de la familia de ácidos grasos n-3 (u omega-3), incluido el ácido eicosapentaenoico de LCPUFA y el ácido docosahexaenoico (DHA). La grasa de la dieta también es necesaria para la absorción de las vitaminas liposolubles A, D, E y K y participa en el transporte de estos y otros compuestos solubles en grasa a las células y tejidos.

Las recomendaciones de ingesta total de grasa se relacionan con los requerimientos de energía; la grasa debe suministrar del 20% al 35% de las necesidades totales de energía de la mujer durante el embarazo y la lactancia. No existen requerimientos alimenticios de ácidos grasos monoinsaturados, ácidos grasos saturados o ácidos transgrasos. El límite diario recomendado de ácidos grasos saturados no cambia durante el embarazo y la lactancia y es menos del 10% de las necesidades totales de energía. La ingesta de ácidos transgrasos, principalmente de aceites vegetales parcialmente hidrogenados, debe ser la más baja posible.

La ingesta de LCPUFA durante el embarazo y la lactancia ha recibido mayor atención en los últimos años. El DHA de LCPUFA, es el ácido graso n-3 predominante en las células del cerebro y comprende hasta 65% de los ácidos grasos totales en ciertos fosfolípidos de la retina. La demanda metabólica de DHA aumenta durante el embarazo.

La madre requiere más DHA para ayudar a la expansión de la masa de los glóbulos rojos de la sangre y la placenta. Además, el sistema nervioso y cerebral fetal acumulan DHA rápidamente durante el último trimestre del embarazo. La mayor necesidad metabólica de DHA se satisface mediante la síntesis de los lípidos y sustancias lipoides, las reservas de la madre y la ingesta de DHA de la madre. La ingesta de DHA en mujeres embarazadas en los países industrializados varía considerablemente (media de 70 a 200 mg/día) y la ingesta media (30-50 mg/día) es menor a la cantidad estimada que el feto acumula diariamente durante el último trimestre.

El aporte complementario de DHA durante el embarazo se ha relacionado con resultados beneficiosos, incluida una gestación ligeramente más larga (dentro del rango normal de la gestación) y un peso ligeramente superior del bebé al nacer. Existen algunas pruebas que sugieren que el aporte complementario de DHA de la madre durante el embarazo mejora la agudeza visual de los bebés, el desarrollo cognitivo y los resultados inmunológicos. Las nuevas evidencias sugieren que el aporte complementario de DHA de la madre puede afectar la composición del cuerpo del bebé en el futuro al reducir la adiposidad.

Después del parto, el DHA sigue acumulándose rápidamente en el cerebro del niño durante los primeros 18 a 24 meses de vida. La leche materna contiene DHA, pero la cantidad varía con el consumo de la madre. Brenna y colegas reportaron el nivel promedio mundial de DHA en la leche humana madura como 0.32 ± 22% (% de ácidos grasos ± SD) con un amplio rango de 0.06% a 1.4%. Las poblaciones costeras o insulares con alta ingesta de alimentos marinos presentaban los más altos niveles de DHA en la leche materna mientras que las poblaciones del interior y de los países desarrollados presentaban los más bajos. El aporte complementario de la ingesta de DHA de las mujeres en período de lactancia aumenta el contenido de DHA en la leche materna, pero no es así con el aporte complementario con el precursor de DHA, ALA.

Los estudios observacionales y ensayos de intervención de los lactantes alimentados con leche materna indican que los niveles de DHA en la leche materna influyen en los resultados de los lactantes. En estudios observacionales, los niveles más altos de DHA en la leche humana y/o sangre de los lactantes se ha asociado con una mejor agudeza visual de los lactantes en comparación con los niveles menores. Además, varios ensayos de intervención han encontrado que los aportes complementarios de DHA o DHA+EPA de la madre afectan positivamente el desarrollo neurológico de los lactantes alimentados con leche materna.

No se han determinado los requisitos exactos del DHA durante el embarazo y el período de lactancia, pero en el 2010 tres grupos publicaron recomendaciones sobre la ingesta de DHA. La Consulta de Expertos mixta de la FAO/WHO sobre la grasa y los ácidos grasos en la nutrición humana recomendó que las mujeres embarazadas y que amamantan deben consumir al menos 200 mg de DHA al día. Además, la Agencia Francesa de Salud y Seguridad en la Alimentación, el Ambiente y el Trabajo (ANSES) consideró que el DHA era un ácido graso esencial en su actualización de la ingesta de referencia en la población francesa; establecieron cantidades de DHA de 250 mg de DHA al día para las mujeres embarazadas y que amamantan. Además, en 2010, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), en su dictamen científico sobre los valores alimenticios de referencia para las grasas y los ácidos grasos, estableció una ingesta adecuada de 250 mg de EPA + DHA al día en los adultos.

La EFSA recomienda que se agreguen de 100 a 200 mg de DHA preformado a esta ingesta diaria durante el embarazo y la lactancia. En el 2007, una declaración de consenso del grupo de trabajo sobre ingesta perinatal de lípidos (en nombre de la Comisión Europea de Metabolismo Perinatal de Lípidos [PeriLip] y los proyectos de investigación de programación de Nutrición Temprana [EARNEST], conjuntamente con los representantes de otras siete organizaciones internacionales de nutrición u organizaciones médicas) recomendaron que las mujeres embarazadas y que amamantan deben consumir al menos 200 mg de DHA al día.

Los expertos han concluido que no existe evidencia que indique que se deba aumentar la ingesta de ácidos grasos n-6 en la dieta, incluido el ARA, durante el embarazo y la lactancia. Además, no se ha hecho ninguna recomendación de ingesta de EPA solamente durante el embarazo y la lactancia, ya que el EPA solamente se ha estudiado con el DHA como un componente del pescado o una preparación del aceite de pescado.

Los Estados Unidos de Norteamérica no han establecido alguna ingesta recomendada de DHA. Sin embargo, las pautas alimenticias de Estados Unidos de Norteamérica para estadounidenses reconoció la importancia del DHA durante el embarazo y la lactancia.
Las Pautas establecen que:

“Pruebas moderadas indican que la ingesta de ácidos grasos omega 3, en particular DHA, de por lo menos 8 onzas de pescado por semana para las mujeres que están embarazadas o en período de lactancia se asocia con mejores resultados de salud del bebé, como el desarrollo visual y cognitivo. Por lo tanto, se recomienda que las mujeres que están embarazadas o en período de lactancia consuman al menos 8 y hasta 12 onzas de una variedad de mariscos por semana, de las opciones que sean más bajas en metil mercurio”.

El pescado graso de océano de agua fría, como el salmón y el atún, son algunas de las fuentes naturales más ricas en DHA. El DHA está presente de forma natural en cantidades menores en las vísceras, aves de corral y huevos y se encuentra en alimentos fortificados con DHA. La presencia de metil mercurio y otros productos químicos neurotóxicos en el pescado y los mariscos es un problema potencial de la mujer en los años fértiles. Los alimentos fortificados y complementos alimenticios que contienen DHA, ya sea derivado de organismos unicelulares o aceite de pescado que ha sido procesado para eliminar los contaminantes potenciales, también son fuentes de DHA preformado para las mujeres embarazadas y en período de lactancia que no comen suficientes alimentos ricos en DHA.

 

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