La transición de la infancia a la niñez temprana marca un período de desarrollo muy importante. El cerebro de tu pequeño está repleto de más de 100 billones de sinapsis que le permiten realizar tareas cada vez más complejas como ponerse de pie, correr, saltar, trepar, escuchar y hablar. Por eso necesita una amplia gama de nutrientes que apoyen este tipo de progresos.

Además de que ya no es exclusivamente dependiente de la leche materna (que no va a satisfacer todas sus necesidades nutricionales en esta etapa), también está empezando a tomar un papel más activo a la hora de comer. Se está volviendo capaz de alimentarse por sí mismo y cada vez más voluntarioso a la hora de hacer valer sus gustos y preferencias. Con esto en mente, recuerda que a menudo esta etapa es un momento en que los desequilibrios de nutrientes comienzan a aparecer.                        

Según los investigadores, hay una serie de nutrientes a los que los padres deben prestar mucha atención, ya que son los más propensos a ser consumidos en malas cantidades, ya sea demasiado o muy poco, como la fibra; a continuación te contamos más sobre este nutriente.

 

Fibra

La fibra dietética es baja en la mayoría de los casos de los pequeños y niños en etapa preescolar de acuerdo a un estudio (probablemente debido a que no estaban recibiendo las cantidades recomendadas de frutas y verduras, que son fuentes naturales de fibra). Casi uno de cada tres no comían verduras en un día y uno de cada cuatro no comía fruta. (Entre los niños en edad preescolar en el estudio, ¡las papas fritas son el vegetal que más a menudo comen!).

La fibra ayuda a la digestión y a promover la saciedad, reduciendo la probabilidad de comer en exceso. Sin embargo, también puede interferir con la absorción de grasa de la dieta, por lo que no debe ser introducido en la dieta de un niño hasta después de los 6 meses de edad.

Las frutas, los cereales integrales y panes son una gran fuente de fibra. Córtalos en formas divertidas y ofrécecelos como refrigerio. 

Consulta a tu médico.